Los Alpes eliminaron a buena parte de los velocistas del Tour. No al eslovaco, que se apuntó su tercera victoria y va disparado hacia su sexto maillot verde.
Actualizado: 20 julio 2018 18:51h CEST
Tras la criba de los Alpes, no sobreviven sprinters puros, pero aún permanece un ciclista que es mucho más que un sprinter. Peter Sagan. Suya fue la 13ª etapa. Y ya lleva tres.
Cuando se acuñó la expresión de ‘etapa de transición’, seguramente se inspiró en una jornada como la de este viernes, con un recorrido sin apenas dificultades orográficas, que enlaza unas cordilleras con otras, varios días de batallas montañosas con otros que pretenden serlo. Después de tres duras etapas por los Alpes, dos de ellas especialmente movidas, el pelotón rodó hacia Valence, antes de encarar un fin de semana por el Macizo Central.
En estas etapas, el guión suele incorporar una escapada consentida, mientras los equipos de los gallos se recuperan de esfuerzos pasados y cargan pilas para los siguientes. No hay que confundir estos días con esos otros de la semana inicial, sobre perfiles similares. Cuando el arranca el Tour, los mejores ciclistas del planeta empiezan el camino con frescura, todos quieren comerse el mundo, entrar por embudos donde no caben todos… Al mínimo olfateo del viento hay equipos que rompen el pelotón en pedazos, al mínimo olfateo de un sprint se anima una decena de lobos hambrientos… Hay fuerzas, ganas, nervios, cortes… Y partes médicos.
Este viernes tocaba fuga permitida y descanso activo. Eso marcaba ese código no escrito del ciclismo. Pero mira tú que el deporte siempre improvisa por nuevos senderos. A esta jornada se llegó sin apenas velocistas de prestigio, que se habían quedado por el camino, descolgados por las rampas alpinas. Ya no estaban Gaviria, ganador de dos etapas; ni Groenewegen, vencedor de otras tantas; ni Greipel, Cavendish y Kittel, también ampliamente laureados en otras ediciones. Ni siquiera tres de sus lanzadores: Renshaw, Sieberg y Zabel. La ausencia de los mejores sprinters debería haber favorecido a los ‘cazaetapas’ de turno, pero sucedió todo lo contrario.

Hubo escapada, otra vez con Thomas De Gendt, pero no triunfó en la meta de Valence. REUTERS
Hubo escapada, sí. Ahí se metió el de siempre: Thomas de Gendt, ese belga que prefiere ir fugado que en pelotón. Junto a él rodaron Scully, Schär y Claeys. Pero mira tú, decíamos, que la ausencia de los mejores velocistas animó a otros velocistas que en escenarios anteriores no habrían tenido las mismas opciones. El Groupama-FDJ se puso en cabeza para jugar la carta de Arnaud Dèmare. Y tiró la escapada abajo. Si esto fuera poco, el viento sopló amenazante a falta de 30 kilómetros. Los equipos de los capitanes asomaron en cabeza, siempre con el Sky al frente. Esta vez había pocas energía para poner el Tour patas arriba. Fue un movimiento defensivo.
Pero el pelotón no paró. Qué va. Durante la transición se rodó a vivo ritmo y no hubo piedad para los aventureros. De hecho, la única fuga que ha llegado en este Tour fue la protagonizada por Alaphilippe camino de Le Grand-Bornand. Y ya hemos cubierto trece etapas. Philippe Gilbert intentó sorprender en el último kilómetro. No es la primera vez. Pero no se había organizado la cacería para perder la presa bajo la flamme rouge. Démare llegó en la situación deseada. O casi. El lanzador le dejó algo lejos. Quizá la falta de costumbre. Con espacio suficiente para que le remontaranotros dos mísiles del pelotón: Peter Sagan y Alexander Kristoff. Los sprinters crecen como setas.
Con Sagan triplemente coronado, camino de su sexto maillot verde, llega un nuevo cambio de escenario. Este sábado espera Mende. Otra vez los jefes al frente. Si no progresa una escapada, y en este Tour no parece que haya ánimo de permitirlas, será una buena oportunidad para Alejandro Valverde. ¿Por qué no?
Fuente:www.as.com

Juan Gutiérrez